Quien tiene una conserva tiene un tesoro. Y quien tiene varias conservas a mano tiene uno de los mejores aperitivos habidos y por haber. Complicarse la cabeza en la cocina, más aún en verano, cuando puedes tirar de gatillo fácil con unas pocas latas podría sonar a sacrilegio.
Del mundo latero español, amplio y extenso, capaz de meter en hojalata a casi cualquier bicho marino, resulta complicado quedarse con una –o acaso dos– conservas solamente. Va en gustos, claro, pero lo que es evidente es que Poseidón no nos aplaudiría por la cantidad de mariscos y pescados que acabamos convirtiendo en conserva.
He de reconocer que, si de pescados hablamos, soy fan de las caballas en aceite de oliva. También del bonito del norte, pero este segundo es bastante más caro, aunque suele ser una conserva excelente.
Sin embargo, si cambiamos el registro y nos metemos en el territorio de los moluscos, mariscos y bivalvos, tengo claro mi conserva ganadora: los mejillones en escabeche. Sí, reconozco que hay otros moluscos que también son maravillosos. Y también son muy caros.
No voy a decir que no me rindo ante unas almejas al natural, o ante unos berberechos, pero la realidad es que unos mejillones –gracias al mundo de las bateas– permiten tener un mariscazo asequible y bueno en cualquier momento del año.
Los echaremos de menos si alguna vez las mareas y las rías gallegas no nos abastecen en la cantidad que hoy permiten. Mientras tanto, disfrutemos de un manjar como los mejillones en escabeche.





