Un aperitivo al que solo le bastan unas patatas fritas para coronarse por completo, pero con el que cometemos un error habitual. No me refiero a comprar mejillones de más o menos calibre, pues cada bolsillo es un mundo. También cada cultura culinaria.
Si bien en España primamos el tamaño del mejillón por encima de todas las cosas, lo cierto es que hay otros países donde el tamaño les importa menos, como es el caso de Francia, donde los ejemplares algo más pequeños son más cotizados. Algo que se ve, por poner un caso, en los clásicos mejillones bouchot. También, como hemos comprobado a veces, con las propias conservas.
Sin embargo, el principal error que cometemos al comer mejillones en escabeche es prescindir de un sencillísimo paso previo: menear la lata. Es una pijada y con ciertas conservas no es necesario, pero habitualmente sí.
Se trata de un meneo suave, nada más que agitarla un poco. La razón es muy simple, pero efectiva. Normalmente, la mayoría de las recetas de escabeches –que no dejan de ser agua, vinagre y aceite– acaban separándose, como es lógico. Solo en pocas marcas consiguen que el escabeche esté bien emulsionado.
Por eso, si abrimos una lata sin darle un ligero zarandeo, lo más probable es que el escabeche esté separado. Insisto en que es una pijada, pero es una buena forma de homogeneizarlo antes de servir los mejillones y que tengan un baño uniforme de escabeche, ya sea en la lata o en un bol.




